jueves, 11 de marzo de 2010

Crónica libre

Una cenicienta sin príncipe

Afortunadamente, cuando Marta quedó embarazada faltaban pocos días para terminar el año escolar y en la institución no se enteraron de su estado, ella terminó sin problemas, luego por cuestiones de dinero dejó de asistir al colegio durante el año siguiente. Entonces, comenzó a trabajar como empleada de servicio en la casa de una familiar del padre de su hija. Doña Elsa era una mujer déspota que no desaprovechaba ninguna oportunidad para humillarla. Allí pasó su embarazo pues no tenía otro sitio en donde vivir. A finales de 1988 se vio en la necesidad de casarse, pero no con el padre de su hija ya que él se desentendió totalmente de las dos, fue el cuñado quien siempre estuvo enamorado de ella quien le propuso matrimonio, él sabía que Marta no lo quería, sin embargo, le planteó una especie de negocio, eso sería la unión de los dos, y ella podría dejarlo cuando terminara el bachillerato, si quería. Como Marta necesitaba la constancia de matrimonio para terminar el bachillerato en el colegio Nuestra Señora de las Mercedes de Lebrija aceptó el trato. Era estrictamente necesario que presentara este documento ante las directivas del plantel educativo pues la institución era regida por monjas y era inaceptable que una mujer con un hijo ilegitimo fuera recibida. Al siguiente año Marta pudo ingresar al colegio y se graduó sin inconvenientes, pero ella no era feliz viviendo con un hombre al que no amaba, no obstante, ella decidió no separarse de él porque aún no tenía ningún sustento económico para ella y su hija.
Al tomar la decisión de quedarse con Ignacio, su esposo, comenzó la vida nómada de esta mujer, duraban cierto tiempo, tal vez meses, en alguna granja y luego tenían que irse por diferentes motivos: nuevos inquilinos o problemas con los obreros. De tanto andar y andar por más de trece años lograron ubicarse permanentemente, en una finca de Floridablanca y allí Marta comenzó a trabajar en los controles de la emisora radio melodía que estaban allí mismo, mientras que su esposo trabajaba en la tierra. Con lo que ella ganaba comenzó a estudiar tecnología pecuaria en la UIS y su vida cambió un poco. Marta no ejerce en su profesión, sólo práctica un poco, pues ella tiene algunos estanques en donde cultiva peces para su sustento. Hace dos años su esposo murió a los treinta y cinco años de edad a causa de la diabetes. De este matrimonio quedó un hijo que actualmente tiene veinte años y es el alma de la familia. Actualmente, Marta vive en la parcela que don Epaminondas le dejó. Sus dos hijos Tatiana y Edgar ya son mayores de edad y trabajan fuertemente para colaborar con los gastos de su madre, pues aunque ella fue la cenicienta de la casa nunca pudo encontrar a su príncipe.
Después de un tiempo Marta supo lo que su padre pensaba. “Se me fue la cenicienta de la casa” fue lo único que dijo don Epaminondas Velasco cuando se enteró que su hija estaba embarazada y que doña Flor la había echado. No es que el padre de Marta quisiera que ella se fuera lo que sucedió es que él jamás se enteró del estado de su hija y de la situación que ella afrontaba puesto que don Epaminondas era un hombre muy ocupado como cualquier campesino de la región. Mientras el dueño de la casa trabajaba sus hijos varones estaban al tanto de lo que sucedía y desde lego tomaban decisiones sin hacerlo partícipe. El día que Marta se marchó no pudo hablar con su padre, aunque ella tuvo la intención y por eso fue hasta la finca para dialogar con él, preguntarle qué pensaba de su embarazo, pues ella tenía dieciocho años y apenas cursaba décimo grado. Pero la oportunidad se vio frustrada, al llegar a la casa se enfrentó con su madre una mujer fuerte de carácter y que apoyaba incondicionalmente las decisiones que tomaban los dos hijos varones. Marta llegó sola y preguntó por el papá, la razón que le dieron era que no estaba y que había dejado dicho que no volviera porque no la quería ver jamás. Le hicieron saber a Marta que ella no tenía nada que hacer allí, no hubo palabras de afecto de ningún individuo presente y si muchas ofensas. Lo más doloroso para esta mujer fue no poder despedirse de su padre, aquel hombre que tanta la amaba y la defendía, ella estaba completamente segura que aquel noble campesino jamás la desampararía y que las palabras hirientes que salían de sus hermanos eran fruto de su odio y no era cierto la supuesta razón que le había dejado, sin embargo, ella no quiso agrandar las ofensas y decidió irse. Fue necesario que pasaran muchos años para que don Epaminondas se enterara de lo sucedido, a él le habían dicho que Marta se había ido porque estaba cansada de trabajar en la casa y que no quería ser más la cenicienta, desde luego al enterarse la mando buscar y le pidió disculpas por no haber estado en aquel momento tan importante para ella. Antes de que este hombre muriera dio órdenes precisas para que Marta pudiera entrar a la finca cuando quisiera y si ella quería podía arreglar la casa abandonada que había en el terreno y traer a su familia allí. Para don Epaminondas era imperdonable lo que habían hecho con su hija querida, él sabía lo duro que le tocaba a Marta y las humillaciones a que doña Flor la sometía, desde luego, los tiempos habían cambiado y ahora era justo remediar las faltas.

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