miércoles, 17 de marzo de 2010
lunes, 15 de marzo de 2010
Crónica del maestro
Viajé a Cocochonal en unas cuantas horas
Cuando conocí a Víctor Anaya Cuadros me pareció que era un hombre demasiado corriente para ser profesor. Aquel señor tenía la voz más aguda que jamás haya escuchado, estaba mal vestido, a leguas se notaba que no tenía esposa. El día que Nohemí me lo presentó acababa de llegar a Bucaramanga y no tuvo tiempo de afeitarse ni cortarse el pelo, recuerdo perfectamente que traía puesta una sudadera negra, una camisa morada de cuello y debajo una camisetilla verde fosforescente, unas botas Brahma no sé de que color, la verdad estaba tan mal presentado que como ya dije no me parecía que fuera un maestro. Entrada la noche nos invitó a tomar chela -como dijo- y decidimos acompañarlo, aquel personaje tan pintoresco tendría algo interesante que contar.
- ¿Así que usted es profesor? – pregunté-
- Sí, profe de ciencias naturales en Landázuri. - me dijo con aire de alegría-
- Landázuri ¿y eso dónde queda?
En ese preciso momento comenzó nuestro viaje imaginario hacia una tierra desconocida por mí y creo que por muchas personas. Pero antes Víctor nos habló de su vida. Realmente, no era profesor cuando inició, simplemente entró a la academia porque había salido de un instituto técnico agropecuario en Málaga y como su primo era el alcalde de esa región le colaboró para que entrara a trabajar como educador cuando cumplió 24 años. La primera institución en donde comenzó a trabajar se llamaba escuela Miralindo y estaba ubicada en Landázuri, Magdalena Medio. Víctor siempre ha trabajado como profesor de primaria y en la zona rural.
- Es que p’al campo pagan mejor. - dijo Víctor -
Cuando este hombre se dio cuenta que para permanecer en su puesto como profesor debía tener méritos, comenzó a estudiar en la sede UIS de Pamplona, licenciatura en español y literatura, pues sabía que su padrino no iba a durar el resto de la vida en la alcaldía.
- Eso de la palanca es bueno, abre muchas puertas, pero uno tiene que estar pilas, porque si no le bajan el puestico.
Así, siguió con su carrera, hasta llegar a un determinado momento en donde le informaron que el había salido de un instituto agropecuario y no podía terminar con la licenciatura en español, entonces, le sugirieron que estudiara ciencias naturales. Después, de hacer las averiguaciones pertinentes terminó homologando las materias y comenzó la nueva carrera.
- La verdad no me pareció tan grave, no tenía ningún afán, no tengo hijos ni esposa, sólo a mi papá de setenta años y a mi mamá de sesenta y uno, pero los viejitos tienen su tierrita y de ahí sacan lo necesario. Yo les ayudo a veces y ellos me agradecen.
Víctor tiene 38 años y ha pasado por varios institutos rurales. Pero el que más le ha gustado es donde trabaja actualmente.
- La escuela Cocochonal es muy bonita y está bien ubicada tiene sus defectos como todo pero he estado en sitios peores.
Él nos habló de muchas cosas pero lo más interesante fue Cocochonal y la travesía de llegar hasta allá.
- ¿Cómo? ¿Existe un sitio con ese nombre? -Exclamé casi sin darme cuenta.-
- Sí, claro. La escuela Cocochonal está ubicada en Landázuri, allá en el Magdalena Medio, es una escuelita rural como todas en donde he trabajado. De allá hasta el pueblo uno gasta una hora a pata porque el único transporte son las motos de los vecinos pero raramente salen, entonces, uno tiene que caminar y aguantar sequía por que no se ve ni un alma por la trocha. Después de llegar a Landázuri uno puede tomar una flota para Barbosa que está a cuatro horas aproximadamente.
- ¿Y a usted le gusta trabajar allá tan lejos de la civilización?
- La verdad ya me acostumbré, lo único que uno tiene que hacer es no abrir la boca, yo voy a dictar ciencias naturales y punto. Eso sí, todos los pelaos tienen que pasar porque eso es zona roja y uno no se puede poner con pendejadas, ganarse que lo maten pingamente por rajar a los chinos. La verdad no hay mucho que hacer, los niños van obligaos y… (El silencio de Víctor fue muy revelador, además, lo acompañó un gesto de tristeza, tal vez, o melancolía yo no quise preguntar, aunque confieso que me moría de curiosidad). Pues, yo trabajo medio tiempo de siete a doce, pero me pagan las dos jornadas por lo peligroso de la zona, como ya dije.
- Difícil la situación ¿verdad?
- Claro mija, como ya les dije uno no se puede poner con maricadas. Se gana bueno, cerquita de 2 millones libres, además de la platica, nos dan algunos beneficios para vivienda, yo no he querido construir porque no tengo mujer, pero si Nohemí me acepta me la llevo (risas). Nos dan una póliza de vida, y si que hace falta, allá uno sabe cuando llega pero no cuando sale; y el seguro médico que es lo más importante porque la mayoría de veces uno vive enfermo de leishmaniosis por el pito y el tratamiento es caro. Imagínese, la primera vez que me picó ese bicho me aplicaron ochenta vacunas, eso es según el peso del paciente, ya me ha picado en otras ocasiones y por eso me la paso en Bucaramanga porque los tratamientos son acá, a uno lo mandan a Vélez sólo por urgencias. Por eso es que muchos profesores vienen se quedan un par de meses y luego se van. Hace dos años nos daban un bono de dotación y uno podía reclamar ropa para toda la familia, esposa e hijos, y la propia, pero lo quitaron quien sabe por qué.
Luego de unas cuantas cervezas Víctor nos contó más historias sobre la travesía que debía hacer para llegar hasta la escuelita Cocochonal. Primero que todo nos dijo que en su maleta de viaje no podía faltar un par de botas porque para llegar tenía que pasar por un río y no había puente. También nos contó que han pasado varias solicitudes para pedir colaboración porque no hay carretera y es muy peligrosa la zona, debido a la erosión se ven sumergidos en deslizamientos.
Víctor dicta clases de ciencias naturales a niños de primero a quinto y la institución está conformada por veinte estudiantes en total. Cocochonal a pesar de estar en una zona tan alejada está bien organizada tiene comedores estudiantiles y salón comunal, según nos lo dio a entender nuestro amigo.
Cuando pude notarlo eran las diez de la noche y pudimos recorrer caminos rurales que nadie conoce y hablar con un hombre pintoresco sin mucha preparación en el campo educativo, pero es de los pocos que se atreve a asumir el riesgo de trabajar como profesor en sitios tan inhóspitos como la escuelita Cocochonal. No puedo decir que se trate de un héroe educativo, pues en sus palabras pude notar bastante ignorancia, pero si es un ejemplo de vida teniendo en cuenta la situación laboral de los colombianos, es mejor afrontar una epidemia de leishmaniosis que estar desempleado.
- ¿Así que usted es profesor? – pregunté-
- Sí, profe de ciencias naturales en Landázuri. - me dijo con aire de alegría-
- Landázuri ¿y eso dónde queda?
En ese preciso momento comenzó nuestro viaje imaginario hacia una tierra desconocida por mí y creo que por muchas personas. Pero antes Víctor nos habló de su vida. Realmente, no era profesor cuando inició, simplemente entró a la academia porque había salido de un instituto técnico agropecuario en Málaga y como su primo era el alcalde de esa región le colaboró para que entrara a trabajar como educador cuando cumplió 24 años. La primera institución en donde comenzó a trabajar se llamaba escuela Miralindo y estaba ubicada en Landázuri, Magdalena Medio. Víctor siempre ha trabajado como profesor de primaria y en la zona rural.
- Es que p’al campo pagan mejor. - dijo Víctor -
Cuando este hombre se dio cuenta que para permanecer en su puesto como profesor debía tener méritos, comenzó a estudiar en la sede UIS de Pamplona, licenciatura en español y literatura, pues sabía que su padrino no iba a durar el resto de la vida en la alcaldía.
- Eso de la palanca es bueno, abre muchas puertas, pero uno tiene que estar pilas, porque si no le bajan el puestico.
Así, siguió con su carrera, hasta llegar a un determinado momento en donde le informaron que el había salido de un instituto agropecuario y no podía terminar con la licenciatura en español, entonces, le sugirieron que estudiara ciencias naturales. Después, de hacer las averiguaciones pertinentes terminó homologando las materias y comenzó la nueva carrera.
- La verdad no me pareció tan grave, no tenía ningún afán, no tengo hijos ni esposa, sólo a mi papá de setenta años y a mi mamá de sesenta y uno, pero los viejitos tienen su tierrita y de ahí sacan lo necesario. Yo les ayudo a veces y ellos me agradecen.
Víctor tiene 38 años y ha pasado por varios institutos rurales. Pero el que más le ha gustado es donde trabaja actualmente.
- La escuela Cocochonal es muy bonita y está bien ubicada tiene sus defectos como todo pero he estado en sitios peores.
Él nos habló de muchas cosas pero lo más interesante fue Cocochonal y la travesía de llegar hasta allá.
- ¿Cómo? ¿Existe un sitio con ese nombre? -Exclamé casi sin darme cuenta.-
- Sí, claro. La escuela Cocochonal está ubicada en Landázuri, allá en el Magdalena Medio, es una escuelita rural como todas en donde he trabajado. De allá hasta el pueblo uno gasta una hora a pata porque el único transporte son las motos de los vecinos pero raramente salen, entonces, uno tiene que caminar y aguantar sequía por que no se ve ni un alma por la trocha. Después de llegar a Landázuri uno puede tomar una flota para Barbosa que está a cuatro horas aproximadamente.
- ¿Y a usted le gusta trabajar allá tan lejos de la civilización?
- La verdad ya me acostumbré, lo único que uno tiene que hacer es no abrir la boca, yo voy a dictar ciencias naturales y punto. Eso sí, todos los pelaos tienen que pasar porque eso es zona roja y uno no se puede poner con pendejadas, ganarse que lo maten pingamente por rajar a los chinos. La verdad no hay mucho que hacer, los niños van obligaos y… (El silencio de Víctor fue muy revelador, además, lo acompañó un gesto de tristeza, tal vez, o melancolía yo no quise preguntar, aunque confieso que me moría de curiosidad). Pues, yo trabajo medio tiempo de siete a doce, pero me pagan las dos jornadas por lo peligroso de la zona, como ya dije.
- Difícil la situación ¿verdad?
- Claro mija, como ya les dije uno no se puede poner con maricadas. Se gana bueno, cerquita de 2 millones libres, además de la platica, nos dan algunos beneficios para vivienda, yo no he querido construir porque no tengo mujer, pero si Nohemí me acepta me la llevo (risas). Nos dan una póliza de vida, y si que hace falta, allá uno sabe cuando llega pero no cuando sale; y el seguro médico que es lo más importante porque la mayoría de veces uno vive enfermo de leishmaniosis por el pito y el tratamiento es caro. Imagínese, la primera vez que me picó ese bicho me aplicaron ochenta vacunas, eso es según el peso del paciente, ya me ha picado en otras ocasiones y por eso me la paso en Bucaramanga porque los tratamientos son acá, a uno lo mandan a Vélez sólo por urgencias. Por eso es que muchos profesores vienen se quedan un par de meses y luego se van. Hace dos años nos daban un bono de dotación y uno podía reclamar ropa para toda la familia, esposa e hijos, y la propia, pero lo quitaron quien sabe por qué.
Luego de unas cuantas cervezas Víctor nos contó más historias sobre la travesía que debía hacer para llegar hasta la escuelita Cocochonal. Primero que todo nos dijo que en su maleta de viaje no podía faltar un par de botas porque para llegar tenía que pasar por un río y no había puente. También nos contó que han pasado varias solicitudes para pedir colaboración porque no hay carretera y es muy peligrosa la zona, debido a la erosión se ven sumergidos en deslizamientos.
Víctor dicta clases de ciencias naturales a niños de primero a quinto y la institución está conformada por veinte estudiantes en total. Cocochonal a pesar de estar en una zona tan alejada está bien organizada tiene comedores estudiantiles y salón comunal, según nos lo dio a entender nuestro amigo.
Cuando pude notarlo eran las diez de la noche y pudimos recorrer caminos rurales que nadie conoce y hablar con un hombre pintoresco sin mucha preparación en el campo educativo, pero es de los pocos que se atreve a asumir el riesgo de trabajar como profesor en sitios tan inhóspitos como la escuelita Cocochonal. No puedo decir que se trate de un héroe educativo, pues en sus palabras pude notar bastante ignorancia, pero si es un ejemplo de vida teniendo en cuenta la situación laboral de los colombianos, es mejor afrontar una epidemia de leishmaniosis que estar desempleado.
jueves, 11 de marzo de 2010
El reloj
Con el tiempo como dueño de tu cuerpo, vas sin prisa, guiando tus frágiles brazos segundo a segundo. Sin importar los designios del destino tú nunca te detienes, siempre laborioso. A veces tomas formas geométricas indeterminadas. Un día alguien decidió que tendrías cuerpo de mujer y te llenó con arena, en otra ocasión dijeron que la tecnología te había alcanzado y comenzaron a transformar tu cuerpo a su antojo; te posaste sobre manos suaves, gruesas, negras, blancas, femeninas o masculinas, siempre al tanto de sus deseos, sus urgencias; siempre implacable y constante, tú reloj, amante del tiempo.
Los zapatos
Dicen los abuelos que los niños siempre nacen con un pan debajo del brazo. Personalmente, me gustaría que nacieran calzando un par de cómodos zapatos. Primero, para que quiere un bebé un pan si no tiene dientes y aquella masa se pegaría en su paladar, además, él ya está dotado de la alimentación que emana de los protuberantes pechos de su madre. Por el contrario, un par de zapatos cubrirían sus débiles pies del frío inclemente que se debe sentir con el cambio de “hábitat, evitaría la picadura de zancudo y que se lastime con los golpes. Sus zapatos estarán adheridos a él como el corazón, el hígado o el páncreas e irán creciendo conforme el niño lo necesite y se convertirán en sus compañeros de juegos y conquistas, serán los encargados de levantarlo para llevarlo hasta el sitio de trabajo, en otras ocasiones estarán al tanto de sus decepciones y de sus alegrías. Los zapatos seguirán presentes en la vejez para ayudar a sostenerlo, como un bastón, y cuando muera ellos seguirán su camino y no faltarán porque nunca se han desprendido de ti.
Siguiendo a Rodari
Cambio galletas por un poco de paz ( galletas- muchacho)
-Buenos días señores y señoras, tengan ustedes un buen día. Hoy voy a pasar por cada uno de sus puestos ofreciéndoles mí material de trabajo que consiste en una deliciosa galleta llamada X que viene en tres deliciosos sabores: fresa, vainilla y chocolate. Cada una tiene el costo, precio o valor de cuatrocientos pesos, para su mejor economía lleve las dos por setecientos o tres por mil. La dama o el caballero que me desee colaborar le pido el favor de no arrojar los papelitos dentro del bus para que en una próxima oportunidad el conductor me deje trabajar. No piensen que el dinero será utilizado para vicios, no, es para ayudarle a mi señora madre con los gastos del colegio. Dios los guarde y los proteja. Ya saben dos por setecientos o tres por mil, si no me pueden colaborar el día de hoy en una próxima oportunidad será-.
Todos los días pronuncia las mismas palabras, una tras otra, como si recitara los versos de un poema, el poema de la vida, que lo obliga con tan sólo diez años a subirse a un bus en contra de su voluntad para poder conseguir dinero y llevarla a su madre, una mujer humilde y algo vieja, no por los años sino por los golpes que le ha dado la vida.
Sus ojos color miel reflejan la tristeza, se avergüenza de su actividad. Trata de ocultar su sufrimiento debajo de unas cejas gruesas y pobladas, su sonrisa es postiza, aunque limpia y cálida. No tiene mal aspecto, realmente, se ve bien cuidado, ¿quién puede saber verdaderamente su necesidad?
Siempre le compro las galletas -tres por mil señora- me dice, lo miro y él agacha su cabeza como si estuviera pidiendo limosna.- No te avergüences que trabajar no es pecado muchacho, siéntete orgulloso de tu labor, si no te dejas llevar por los malos vicios lograrás triunfar- entonces, encuentro una sonrisa verdadera, un aliento, un signo de paz. Cuando se baja del bus vuelve su mirada hacia mí y nuevamente sonríe, el sabe que mañana tal vez hallará nuevas palabras, si no en mí, en otra voz.
Todos los días pronuncia las mismas palabras, una tras otra, como si recitara los versos de un poema, el poema de la vida, que lo obliga con tan sólo diez años a subirse a un bus en contra de su voluntad para poder conseguir dinero y llevarla a su madre, una mujer humilde y algo vieja, no por los años sino por los golpes que le ha dado la vida.
Sus ojos color miel reflejan la tristeza, se avergüenza de su actividad. Trata de ocultar su sufrimiento debajo de unas cejas gruesas y pobladas, su sonrisa es postiza, aunque limpia y cálida. No tiene mal aspecto, realmente, se ve bien cuidado, ¿quién puede saber verdaderamente su necesidad?
Siempre le compro las galletas -tres por mil señora- me dice, lo miro y él agacha su cabeza como si estuviera pidiendo limosna.- No te avergüences que trabajar no es pecado muchacho, siéntete orgulloso de tu labor, si no te dejas llevar por los malos vicios lograrás triunfar- entonces, encuentro una sonrisa verdadera, un aliento, un signo de paz. Cuando se baja del bus vuelve su mirada hacia mí y nuevamente sonríe, el sabe que mañana tal vez hallará nuevas palabras, si no en mí, en otra voz.
Sobre educar en una culura del espectáculo
Joan Ferrés muestra algunas posturas alrededor del mundo del espectáculo y los beneficios que se pueden obtener de las imágenes. El reto que se plantea es que los docentes deben acercarse más a la televisión el cine y otros medios audiovisuales, debido a que los alumnos están cada día más sumergidos en él. Asimismo, otro deber de los maestros es saber orientar sobre la buena utilización de los medios comunicativos y guiar a los estudiantes para que puedan extraer de ellos información útil. Es importante que el maestro haga entender a los alumnos que la televisión tiene un problema y consiste en presentar todos los temas como algo entretenido debido a que todo sirve para crear espectáculo: la política, la religión, la economía, etc. La nueva cultura del espectáculo utiliza cinco rasgos diferenciadores: la potencialización de lo narrativo, lo dinámico, lo sensorial, lo emotivo y lo sensacional.
Los rasgos mencionados permiten hacer una diferenciación entre los aspectos característicos de lo escrito y lo audiovisual. Por ejemplo, los estímulos sonoros que son propios de lo audiovisual y los constantes cambios de imágenes para evitar el aburrimiento, se anteponen al significado que se puede obtener de lo escrito. Si el educador se empapa de estos aspectos podrá entrar con profundidad al mundo de la imagen y saber por qué es tan agradable para los jóvenes.
Otro aspecto que resalta Ferrés en la cultura de la imagen es que todo se puede convertir en relato, desde una película hasta una noticia. Desde luego, esta estrategia atrae a los adolescentes y se refleja en el hecho de que asistan tanto a las tiendas de video juegos pues allí pueden hallar velocidad y relatos muy dinámicos.
Por otra parte, en el mundo del espectáculo prima lo nuevo sobre lo bueno y este es otro aspecto en el que debe intervenir el docente, al igual que en el lenguaje escrito aparecen textos sin contenido educativo y se debe hacer una selección en lo que se le va a presentar al estudiante, ya que la mayoría de los jóvenes no identifican la buena programación por que todo está dado de manera acelerada y no permite un buen análisis.
Por las razones que he mencionado basándome en Ferrés es conveniente incluir las tecnologías en el aula. Los educadores deben tener la capacidad de comunicarse con el alumno y para lograrlo deben conocer sus gustos tecnológicos y saber cómo se usan , para luego poder opinar sobre las ventajas y desventajas, como educadores no podemos cometer el error de censurar algo si no conocemos su contenido.
Crónica libre
Una cenicienta sin príncipe
Afortunadamente, cuando Marta quedó embarazada faltaban pocos días para terminar el año escolar y en la institución no se enteraron de su estado, ella terminó sin problemas, luego por cuestiones de dinero dejó de asistir al colegio durante el año siguiente. Entonces, comenzó a trabajar como empleada de servicio en la casa de una familiar del padre de su hija. Doña Elsa era una mujer déspota que no desaprovechaba ninguna oportunidad para humillarla. Allí pasó su embarazo pues no tenía otro sitio en donde vivir. A finales de 1988 se vio en la necesidad de casarse, pero no con el padre de su hija ya que él se desentendió totalmente de las dos, fue el cuñado quien siempre estuvo enamorado de ella quien le propuso matrimonio, él sabía que Marta no lo quería, sin embargo, le planteó una especie de negocio, eso sería la unión de los dos, y ella podría dejarlo cuando terminara el bachillerato, si quería. Como Marta necesitaba la constancia de matrimonio para terminar el bachillerato en el colegio Nuestra Señora de las Mercedes de Lebrija aceptó el trato. Era estrictamente necesario que presentara este documento ante las directivas del plantel educativo pues la institución era regida por monjas y era inaceptable que una mujer con un hijo ilegitimo fuera recibida. Al siguiente año Marta pudo ingresar al colegio y se graduó sin inconvenientes, pero ella no era feliz viviendo con un hombre al que no amaba, no obstante, ella decidió no separarse de él porque aún no tenía ningún sustento económico para ella y su hija.
Al tomar la decisión de quedarse con Ignacio, su esposo, comenzó la vida nómada de esta mujer, duraban cierto tiempo, tal vez meses, en alguna granja y luego tenían que irse por diferentes motivos: nuevos inquilinos o problemas con los obreros. De tanto andar y andar por más de trece años lograron ubicarse permanentemente, en una finca de Floridablanca y allí Marta comenzó a trabajar en los controles de la emisora radio melodía que estaban allí mismo, mientras que su esposo trabajaba en la tierra. Con lo que ella ganaba comenzó a estudiar tecnología pecuaria en la UIS y su vida cambió un poco. Marta no ejerce en su profesión, sólo práctica un poco, pues ella tiene algunos estanques en donde cultiva peces para su sustento. Hace dos años su esposo murió a los treinta y cinco años de edad a causa de la diabetes. De este matrimonio quedó un hijo que actualmente tiene veinte años y es el alma de la familia. Actualmente, Marta vive en la parcela que don Epaminondas le dejó. Sus dos hijos Tatiana y Edgar ya son mayores de edad y trabajan fuertemente para colaborar con los gastos de su madre, pues aunque ella fue la cenicienta de la casa nunca pudo encontrar a su príncipe.
Después de un tiempo Marta supo lo que su padre pensaba. “Se me fue la cenicienta de la casa” fue lo único que dijo don Epaminondas Velasco cuando se enteró que su hija estaba embarazada y que doña Flor la había echado. No es que el padre de Marta quisiera que ella se fuera lo que sucedió es que él jamás se enteró del estado de su hija y de la situación que ella afrontaba puesto que don Epaminondas era un hombre muy ocupado como cualquier campesino de la región. Mientras el dueño de la casa trabajaba sus hijos varones estaban al tanto de lo que sucedía y desde lego tomaban decisiones sin hacerlo partícipe. El día que Marta se marchó no pudo hablar con su padre, aunque ella tuvo la intención y por eso fue hasta la finca para dialogar con él, preguntarle qué pensaba de su embarazo, pues ella tenía dieciocho años y apenas cursaba décimo grado. Pero la oportunidad se vio frustrada, al llegar a la casa se enfrentó con su madre una mujer fuerte de carácter y que apoyaba incondicionalmente las decisiones que tomaban los dos hijos varones. Marta llegó sola y preguntó por el papá, la razón que le dieron era que no estaba y que había dejado dicho que no volviera porque no la quería ver jamás. Le hicieron saber a Marta que ella no tenía nada que hacer allí, no hubo palabras de afecto de ningún individuo presente y si muchas ofensas. Lo más doloroso para esta mujer fue no poder despedirse de su padre, aquel hombre que tanta la amaba y la defendía, ella estaba completamente segura que aquel noble campesino jamás la desampararía y que las palabras hirientes que salían de sus hermanos eran fruto de su odio y no era cierto la supuesta razón que le había dejado, sin embargo, ella no quiso agrandar las ofensas y decidió irse. Fue necesario que pasaran muchos años para que don Epaminondas se enterara de lo sucedido, a él le habían dicho que Marta se había ido porque estaba cansada de trabajar en la casa y que no quería ser más la cenicienta, desde luego al enterarse la mando buscar y le pidió disculpas por no haber estado en aquel momento tan importante para ella. Antes de que este hombre muriera dio órdenes precisas para que Marta pudiera entrar a la finca cuando quisiera y si ella quería podía arreglar la casa abandonada que había en el terreno y traer a su familia allí. Para don Epaminondas era imperdonable lo que habían hecho con su hija querida, él sabía lo duro que le tocaba a Marta y las humillaciones a que doña Flor la sometía, desde luego, los tiempos habían cambiado y ahora era justo remediar las faltas.
viernes, 5 de marzo de 2010
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