Con el tiempo como dueño de tu cuerpo, vas sin prisa, guiando tus frágiles brazos segundo a segundo. Sin importar los designios del destino tú nunca te detienes, siempre laborioso. A veces tomas formas geométricas indeterminadas. Un día alguien decidió que tendrías cuerpo de mujer y te llenó con arena, en otra ocasión dijeron que la tecnología te había alcanzado y comenzaron a transformar tu cuerpo a su antojo; te posaste sobre manos suaves, gruesas, negras, blancas, femeninas o masculinas, siempre al tanto de sus deseos, sus urgencias; siempre implacable y constante, tú reloj, amante del tiempo.
jueves, 11 de marzo de 2010
El reloj
Con el tiempo como dueño de tu cuerpo, vas sin prisa, guiando tus frágiles brazos segundo a segundo. Sin importar los designios del destino tú nunca te detienes, siempre laborioso. A veces tomas formas geométricas indeterminadas. Un día alguien decidió que tendrías cuerpo de mujer y te llenó con arena, en otra ocasión dijeron que la tecnología te había alcanzado y comenzaron a transformar tu cuerpo a su antojo; te posaste sobre manos suaves, gruesas, negras, blancas, femeninas o masculinas, siempre al tanto de sus deseos, sus urgencias; siempre implacable y constante, tú reloj, amante del tiempo.
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